Un dia tenía que pasar

Este fin de semana sucedió lo que todos presumían: un empleado municipal de San Fernando murió en un enfrentamiento con un ladrón cuando manejaba un patrullero comunal acompañado por un efectivo de la policía bonaerense.

Miguel Gómez tenía 28 años y manejaba el vehículo en el que, junto con un policía, fueron a comprobar un echo de inseguridad en Pinto al 1400. Pero a diferencia del efectivo policial, Gómez no llevaba ni chaleco antibala ni arma puesto que su función es simplemente de chófer.

Este formato, de llenar patrulleros con civiles, se ha extendido a lo largo y ancho del Conurbano norte, la mayoría influenciados por las políticas de Seguridad diseminadas desde Tigre cuando Sergio Massa era intendente y luego jefe de gabinete.

Para “enfrentar la seguridad” varios estados municipales decidieron “inundar de patrulleros” que no son tal, puesto que a pesar de llevar alguna leyenda relativa a eso, simplemente son vehículos de que ayudan a controlar el tránsito o situaciones menores control urbano.

Así, tras firmar diferentes tipos de convenios, impulsados por los municipios y la antigua administración de Daniel Scioli, pero amparados por la actual gestión de María Eugenia Vidal, civiles y policías conviven en la lucha contra el delito pero este suceso podría revertir esta situación por el fallecimiento de una persona no apta para repeler a un delincuente o interceder en un delito.

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Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

Periodista, analista político, escritor en Sentido Común.

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