El ajuste de la política

Por Alejandro Cancelare

Finalmente, luego de años y años de promesa, parece que esta vez irá en serio y el gobierno de la Provincia de Buenos Aires se prepara a tratar, el próximo martes, un presupuesto general de gastos en el que se refleja un fuerte ajuste en los gastos burocráticos que genera la actividad política y los sobrecargados estamentos públicos.

Si bien no será abrupto, ya que aún no se ha fijado el tamaño del recorte, ya que se está evaluando una reducción de un puñado de puntos con respecto a los años anteriores, la cifra no es menor y sobrepasa los $3000 millones de pesos.

Si se toma en cuenta que el presupuesto general proyectado para 2018 es de casi $600.000 mil millones de pesos y que la cifra en cuestión es menos del 1%, hay que calcular que de ese monto global casi un 10% es producto a un nuevo endeudamiento que se aprobará merced al acuerdo de todos los sectores políticos que esta vez también perderán en el reparto.

“Le estamos regalando un cheque en blanco directamente… Antes por lo menos nos daban una partecita, pero ahora ni eso” se quejó un intendente opositor que, en este caso, coincide con uno oficialista, pero que solo difiere en el modo.

Esa reflexión tiene que ver con lo que pasó los dos años anteriores, cuando la gobernadora María Eugenia Vidal solicitó la aprobación para el endeudamiento pero tuvo que ceder casi el 10% para distribuir entre los intendentes cuyos legisladores, buena parte opositores, acompañaron casi sin chistar.

El debate por los números provinciales atravesó todos los partidos políticos. Inclusive algunos oficialistas, decisivos para la victoria de Cambiemos en las últimas elecciones, pusieron el grito en el cielo por la manera en que se iba a distribuir el Fondo de Fortalecimiento Educativo, sobre el cual la Gobernación pretendía direccionar un 85% para infraestructura pero, futo de esa presión, se redujo al 55%.

En cuanto a los recortes, solo en la Legislatura bonaerense podaron $1000 millones de pesos, que en lo práctico se reflejará en menos personal, subsidios y gastos varios, incluidos medios de comunicación.

Sobre este punto también hay preocupación en el mismo elenco oficialista. “Realmente no sé cómo terminará nuestro presupuesto”, confesó uno de los responsables de cuidar la imagen de la gobernadora, sabedor que la pauta provincial es uno de los elementos más eficaces para convencer a los medios de la buena gestión o, en todo caso, de la aparición de la excusa exacta para no terminar en la trituradora.

Mientras que esto se discutía, en Malvinas Argentinas, el lunes pasado, se realizó una nueva reunión de los intendentes peronistas de la Primera Sección electoral, donde el local, Leonardo Nardini, recibió a quien se postula para presidir el peronismo, su par de Merlo, Gustavo Menéndez, y a los aliados tácticos Santiago Magiotti, de Navarro y Ariel Sujarchuk, de Escobar.

Hasta allí se acercó Felipe Solá, quien terminó como estrella de la noche en la que también hubo mucho folclore pegotista. Sergio Massa, más rápido de lo que preveía, observa cómo se descascara su frente electoral con el que iba a negociar su futuro político, sin banca ni municipio que lo ayude en la instalación pública con el corte de cintas correspondiente.

Si bien Tigre es su espacio y Julio Zamora no rompió con él, se sabe que la relación entre ambos no es la mejor, producto de la disputa que mantiene su esposa, Malena Massa de Galmarini, con el mismísimo jefe comunal. Malena es aún funcionaria y concejal “oficialista” en uso de licencia.

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Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

Periodista, analista político, escritor en Sentido Común.

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